RELATOS. Los misterios del sexo III

Autor: Follador de Madres
Fecha: 04 de Mayo de 2008 .

Mi "relación" con Luisa, se prolongó durante más de tres años, desde el verano del 88 hasta el principio del año 92. No fue una relación en el término formal de la palabra. Sencillamente, me la follaba cuando quería hacerlo, sin ataduras, incluso después de dejarnos de ver, me lo hice con Luisa en un par de ocasiones, solo para recordar viejos tiempos.

Mientras estuve con Luisa, tuve más relaciones, algunas, con chicas de mi edad, otras, con mujeres maduras como ella, creo que así me di cuenta de que nunca podría ser fiel a una pareja, aunque Luisa nunca me exigió que solo me acostase con ella, es más, me animaba continuamente a que me lo hiciese con otras mujeres, en especial, con chicas de mi edad. Al principio, no le hice caso, ella me llenaba completamente y satisfacía todos mis deseos, anticipándose a ellos en multitud de ocasiones.

"Llevaba varias semanas ya acostándome con Luisa, y la verdad es que me encantaba hacerlo, y a ella que lo hiciese, además, aprendía rápido como debía comportarme con una mujer como ella en la cama. Luisa quería que el hombre que se la beneficiase, fuera dominante, casi brutal, que la tomase sin restricciones. Decía que para romanticismo, ya estaban los enamorados, que ella lo que quería era rabo, sexo, vicio y lujuria, que los "te quiero" ya se los dedicaba su marido.

Recuerdo que un día, a mediados de octubre, estábamos en la cama, después de follar, ella acariciando mi pecho, completamente desnuda, mientras me daba besitos suaves en los muslos, como casi siempre, me acababa de correr en su boca. Yo acariciaba su pelo, mientras fumaba con aire ausente, mi mente divagaba, pensando en lo que acababa de suceder, en lo bien que me sentía, por hacer que aquella mujer gozase entre mis brazos una y otra vez. Noté la familiar caricia de su lengua en mi bolsa testicular, mientras sus manos acariciaban mi sexo con suavidad

-¿qué haces?- le pregunté -¿aún quieres más, zorra?- me había acostumbrado a llamarla zorra cuando estábamos juntos en su casa.

- Quiero lo que tú desees, si quieres que pare, paro, pero me apetece chupártela-

Como siempre, Luisa habló con claridad meridiana, expresando sus deseos más íntimos - Estoy muy falta de caña, y tú me das la que necesito, así que es normal que te busque como una perra, después de todo, es lo que soy ¿no es verdad?-me dijo mientras pasaba su lengua por el tallo de mi sexo, lamiéndolo

- ¡que zorra llegas a ser!- le dije sonriendo - Si, ¿verdad?- me dijo justo antes de engullir mi sexo entre sus labios y empezar a mover su cabeza arriba y abajo.

Puse mi mano derecha en su cabeza, y empecé a dirigir su mamada con ella. Luisa cerró los ojos y emitió un gemido apagado, mientras su lengua se enroscaba en mi sexo, dándome un placer inmenso.

- Sigue así, zorra, me encanta cuando me comes el rabo- le solté, mientras soltaba su cabeza y llevaba mi mano derecha hacia sus nalgas, dándole un cachete en ellas, haciendo que Luisa, diligente y aplicada, aumentase el ritmo de su mamada.

Metí mi mano entre los globos de sus nalgas, y acaricié su ano, donde unos minutos antes se había alojado mi sexo, había recuperado su tamaño normal, metí un dedo y lo saqué, siguiendo mi exploración hacia su sexo. Luisa cambió de posición sin dejar de comerme la polla, variando el ritmo, para retardar mi orgasmo. Mis dedos llegaron a su raja, encontrándola completamente mojada, busqué su clítoris y lo acaricié con la yema de mi dedo corazón, excitándolo. Luisa respondió de inmediato a mi caricia, soltando un gemido gutural y tragándose mi sexo hasta la raíz, mi mano izquierda la cogió del pelo, mientras los dedos de la derecha entraban en su sexo, a la vez que presionaban el clítoris.

- Eres una verdadera guarra, te acabo de follar y ya tienes ganas de nuevo. Eres una verdadera zorra- le decía mientras mi mano empujaba su cabeza hacia abajo.

Puse mi mano de canto, para penetrar mejor su sexo con mis dedos, y de paso, presionar su ano con mi dedo pulgar, no tardando en introducirlo, aquello hizo que Luisa se volviera loca. Empezó a lamer mis huevos mientras con su mano me masturbaba furiosamente, queriéndome sacar hasta la última gota de mi semen, tiré de su pelo y la miré con aire amenazante, mientras movía más rápido mis dedos en su sexo, con el objeto de hacer que se corriera en mi mano, ella intentaba no correrse, pero por su cara, sabia que su orgasmo andaba cerca, que no podría resistirse mucho tiempo más, saqué los dedos y cogí el clítoris entre el pulgar y el índice retorciéndoselo, aquello fue demasiado para ella, se corrió dando grandes alaridos y se metió mi polla nuevamente en la boca, succionándola con avidez, mientras, con ojos implorantes, me pedía que me corriera, pero yo lo había hecho en dos ocasiones anteriormente, y sabíamos ambos por experiencia, que le iba a costar lo suyo sacarme el premio que ansiaba.

Volví a jugar con su ano, introduciendo dos dedos en el y moviéndolos rítmicamente en su interior como si fuera mi sexo que la penetraba. Luisa gemía y suspiraba con mi sexo en su boca, dándome mucho placer, alargué la mano izquierda y acaricié sus pechos, me entretuve jugando con sus pezones, mientras mis dedos seguían entrando y saliendo del ano. Luisa seguía con su labor, lamiendo y mamando mi sexo, haciéndome gozar, pellizqué uno de sus pezones y Luisa dio un respingo, liberando mi sexo de el cepo que eran sus labios. Me incorporé apoyando la espalda en el respaldo y tiré de sus cabellos hacia atrás.

- Ahora quiero que me cabalgues zorra, quiero gozar de tu coño- le ordené con voz imperiosa, mientras lamía su oreja - quiero verte la cara al correrte con mi polla dentro de ti- . Luisa pasó una de sus piernas por encima de mi cuerpo, y se situó encima de mi sexo, empalándose en el, dejó caer su cadera y mi polla desapareció bajo el felpudo velloso que cubría su gruta del placer, empezó a moverse de adelante a atrás, suavemente, gozando de cada centímetro de mi sexo enterrado en el suyo, sus manos, apoyadas en mis hombros, sus pechos subiendo y bajando rítmicamente, sus ojos entrecerrados, su boca entreabierta, emitiendo sonidos guturales, mientras yo, la agarraba de las caderas intentando dirigir sus movimientos, que poco a poco se iban acelerando, yo empecé a sudar, notando como el orgasmo se acercaba, sin poderlo remediar, a Luisa le pasaba lo mismo, sus movimientos de cadera, se habían hecho circulares, y muy rápidos, señal inequívoca de que estaba a punto de correrse.

Noté sus manos crisparse en mis hombros y sus uñas clavarse en mi piel, vi como se mordía el labio inferior, intentando reprimir el grito que anunciaría su orgasmo. Yo resoplaba y gruñía mientras hacía que mis caderas botaran en busca de su sexo mojado y caliente. Nos corrimos los dos a la vez, ella, entre aullidos de placer, sintiéndose llenar su sexo por mi semen. Yo, entre gruñidos y soplidos llenándole de semen el sexo. Caímos exhaustos encima de la cama, abrazados, resoplando, sintiendo las oleadas de placer recorrer nuestro cuerpo. Poco a poco, fuimos recuperando la compostura, me moví ligeramente y Luisa se dio cuenta, se separó de mí un poco para dejarme libertad de movimientos. No se por qué lo hice, pero me levanté de la cama como si me hubiesen pinchado con una aguja, y me fui directo a la bañera, me bañé y salí rápidamente, empezando a vestirme. Luisa me miró:

- ¿ya te vas?- me preguntó con ansiedad - Si, me voy ya, nos veremos pronto- - Me tratas como a una vulgar zorra- me dijo con un punto de tristeza en la voz - Es lo que eres ¿no?- le dije, mirándola de reojo -¿no me decías que querías que te tratase como a una guarra? pues eso hago.- - Está bien. Vete, después de todo, Emilio y Carlos están a punto de llegar- - por eso mismo, ¿o quieres que nos pillen aquí? yo estoy vestido, pero tú estás desnuda, y además, toda la habitación huele a sexo, se nota que te han follado, así que mejor, te duchas y ventilas la habitación, no sea que tu marido se entere-

-¡pero bueno! ¿Me vas a decir lo que tengo que hacer?- Luisa se estaba enojando de verdad - Te diré lo que me de la gana, y tú obedecerás, so puta, para eso es para lo que sirves, para darme placer y obedecerme- - oye... - Luisa se levantó de la cama - me voy- dije secamente - ya te llamaré cuando tenga ganas de follar contigo, nos vemos- abrí la puerta y salí de la habitación, bajé las escaleras, abrí la puerta de la calle y me fui hacia mi casa."

Autor: Lone Rider

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Fecha: Sábado, 04 de Mayo de 2008

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Tags. Relatos Porno, Maduras, Hardcore

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