Aquella noche dormí como un angelito, y a la mañana siguiente, me levanté con una gran erección, había soñado con Luisa y no necesité mucho para correrme pensando en lo que había sucedido la tarde anterior en su bañera. Después de ducharme, me vestí, cogí la bolsa de deporte y me fui a la piscina. Había quedado con el resto de los amigos allí, por el camino, empezaron a asaltarme multitud de remordimientos.
Luisa era una mujer casada, la madre de uno de mis mejores amigos, una mujer respetable. No podía continuar con ella, vivíamos en un pueblo pequeño, y un escándalo como aquel, podía destrozar a su familia, aparte de su reputación. Cuando llegué a la piscina, había tomado la decisión de decirle a Luisa que lo nuestro era imposible, que no se podía volver a repetir, que había sido genial y que le estaba muy agradecido por haberme hecho conocer los placeres del sexo, pero que no podíamos volver a repetirlo.
Mis colegas me saludaron al verme entrar, me puse con ellos a tomar el sol, a la hora, más o menos, una sombra se interpuso entre los rayos solares y yo, abrí un ojo y me la encontré allí, de pie, mis colegas estaban en el agua. Me sobresalté y me incorporé de un salto, quedando frente a ella. La miré, Luisa llevaba un bañador de color azul eléctrico con un discreto escote que dejaba imaginar sus pechos, sonreía como lo que se suponía que era, una señora respetable, amante de su marido y su familia.
- Javi, ayer me llamó Carlos... - me dijo - si... ¿y qué te dijo?- le pregunté yo, poniéndome a la defensiva - dice que no van a volver hasta mañana por la tarde, así que si le puedes hacer un favor- - ¿cual favor?- me tranquilicé un poco, después de todo, solo me quería transmitir un mensaje de mi amigo - pues... quiere que le saques la moto y la lleves al mecánico, que él pasara a recogerla - - ¡Ah! vale- respondí yo inocente -esta tarde iré a buscarla, si le va bien- - ¿a mí? A mí me va perfecto... no tengo nada que hacer esta tarde- me dijo mientras se alejaba.
Mis ojos se clavaron en su culo mientras se alejaba, contoneándose ligeramente. Me fui al agua con mis colegas, además de estos, había con ellos dos chicas: Lorena y Ana, dos compañeras de la escuela, que empezaban la universidad en otoño. Lorena era (y es) una belleza patricia, rubia y de medidas perfectas, mientras Ana, era más bajita, una chica de formas mediterráneas, exuberante y de mirada pícara. Me uní a ellos y nos pusimos a jugar, en un momento dado, Goyo, otro de los amigos del grupo, me cogió del brazo y me dijo al oído:
- Tío ¿has visto como te mira Ana? ¿Por qué no le hechas los trastos?- -¿pero que dices? ¿Tú estás loco?- le dije mirándolo como si hubiese visto un fantasma - además... ya sale con alguien ¿no?- -¿y qué? tío Ana quiere rollo contigo, ¡te lo digo yo! Mira, nada más nos ha visto en el agua, se han acercado las dos y Ana me ha preguntado por ti. Quiere rollo tío- -¡Que no!, lo que pasa es que íbamos juntos a clase y somos buenos amigos- - ¿Ah si? y entonces, por qué nos ha preguntado donde íbamos esta noche y si ibas a venir tú con nosotros ¿eh listillo? ¡que te digo yo que quiere rollo!- - va tío, ¡déjate de tonterías!- le corté secamente. Me salí de donde estábamos y me fui a la piscina más grande, con el propósito de hacer unos largos.
Luisa estaba en ella, nadando plácidamente, su cuerpo estaba en perfecta conjunción con el azul del agua de la piscina. Yo hice como que no la veía, no quería verla, en mi mente aún estaban los reproches y remordimientos que me había hecho por la mañana, y sabía, que si la miraba, el deseo se me leería en los ojos. Me detuve en uno de los fondos y ella se acercó a mí.
- ¡Hola de nuevo!- - hola- respondí yo secamente - a propósito Javi... - me dijo ella mirándome a los ojos -ayer por la tarde lo pasé estupendamente, espero que lo podamos repetir... pronto, muy pronto- me dijo, mientras su mano izquierda me acariciaba el muslo derecho, mientras se sujetaba con la derecha al muro - Luisa... yo... quería hablarte de eso, precisamente- le dije con la voz entrecortada, notaba su mano en mi muslo, subiendo hacia mi entrepierna - ¿si?, ¿tú no lo pasaste bien?- me dijo con una mirada pícara en sus ojos - si, claro que lo pasé bien, más que bien, fue fantástico... pero... – - Estoy deseando comerte la polla otra vez- me dijo en un susurro a la oreja, su voz se había vuelto ronca - ¿quéeeeeeee?- dije yo, me había sorprendido - verás... yo...
- esta tarde hablamos, tomando un café, hasta luego-
Me cortó en seco y se puso nuevamente a nadar, dejándome allí, completamente estupefacto y salido perdido, suerte que estaba en el agua, si no, mi sexo se hubiese puesto en erección. Me despedí de mis amigos y me fui a comer, aún estaba pensando en lo que me había dicho Luisa en la piscina. Mientras los míos conversaban en la mesa, yo permanecía callado. Después de comer, cogí la moto y me fui hacia casa de Luisa, con el "firme" propósito de acabar con aquello.
Luisa me abrió la puerta, y en aquel mismo momento supe que todos mis propósitos para cortar de raíz aquello, se habían ido al garete. Frente a mí, ataviada con una bata corta de seda, de corte oriental, había una hembra, con mayúsculas. Luisa se había recogido el pelo y se había maquillado profusamente, dando a su rostro, bello de por si, un aspecto agresivo, parecía una tigresa. La bata, abierta hasta la cintura, solo tapaba lo justo, dejando a la vista toda la parte central de su torso, cubierto por un corpiño de color violeta, que elevaba sus pechos, las piernas, enfundadas en unas medias negras, zapatos de tacón de ajuga de más de diez centímetros de altura, haciendo que su rostro quedase a la altura del mío ( mido 1,80), me miró lascivamente, se pasó la lengua por los labios, lentamente, insinuante y provocadora y me hizo pasar, cerrando la puerta y pasando la balda. Pasó a mi lado, rozándose con mi entrepierna, que ya estaba dura y sonriéndome como el gato que se va a comer al canario, dejó su mano derecha a propósito atrás, pasándola a la altura de mi entrepierna y apretando ligeramente en ella.
- Ummmmm, noto algo duro por aquí, que interesante- yo sudaba a mares. ¡Ooohhh, pero que buena que estaba aquella mujer! se me olvidaron por completo mis remordimientos, y mi mente fue invadida por el deseo salvaje de poseer a aquella mujer inmediatamente. Caminaba delante de mí contoneando sus caderas lascivamente, sabiéndose observada. Mis ojos estaban fijos en su culo. Me hizo sentarme en el sofá y se marchó por la bandeja del café, cuando volvió, la bata había desaparecido y su cuerpo, enfundado en el corpiño se exhibía ante mí, sus pechos, elevados, se mostraban completamente ante mis ojos, su sexo, tapado por un tanga del mismo color, se insinuaba golosamente, un liguero sujetaba las medias que cubrían sus piernas. Se puso ante mí, y flexionando la cadera, pero manteniendo las piernas rectas, dejó la bandeja en la mesa, mientras me miraba y sonreía, se sabía la dueña de la situación, y se aprovechaba de ello.
Dio la vuelta a la mesa, moviéndose como una pantera y se sentó junto a mí, yo estaba como petrificado, mis ojos dejaban ver la lujuria que me embargaba, ya no me acordaba de que era la madre de mi amigo, ni de que era una mujer casada ni de su reputación, ni de nada de nada, solo pensaba en poseerla, sentir su lengua jugar con la mía, sentir su sexo caliente atrapar el mío, notar como su cuerpo vibraba ante mis caricias... Sirvió el café y me alcanzó una taza.
- Bueno, Javi, ¿qué era eso que me querías decir?- me dijo susurrante, mientras su mano derecha se posaba delicadamente en mi muslo.
- ehhhhh... bueno, verás- las manos me sudaban, estaba al borde del colapso, intentaba no mirarla, pero mis ojos, volvían una y otra vez a encontrarse con los suyos, viendo en su mirada la lujuria que desprendían sus movimientos. Su mano subía lentamente por mi muslo, acercándose a mi entrepierna cada vez más, yo notaba mi sexo duro luchando por romper el tejano y salir.
- Luisa... yo... yo creo... - no era capaz de articular palabra -¿si? ¿Qué crees Javi?- su tono, lánguido y seductor, era como esa música de efectos hipnóticos, no me dejaba articular palabra. Su mano había llegado a mi entrepierna y estaba palpando la dureza de mi sexo. - Veras... yo creo... que tú y yo... pues... - ¿siiii?- su mano había encontrado la cremallera y la había bajado, entrando de mi entrepierna y masajeando lentamente mi miembro, noté como el botón del vaquero estaba a punto de saltar por la presión. Lo desabrochó de manera experta con la otra mano.
- uffffffffff... ¡oohh Luisa!- exclamé.
Mi vaquero estaba desatado, mi sexo, duro sacaba la cabeza por la goma del slip, su mano subía y bajaba lentamente por el tallo.
- dime Javi, ¿qué querías decirme? somos adultos- me hablaba con una sonrisa lujuriosa, su rostro expresaba bien a las claras que era una viciosa, que había decidido tenerme como amante y que no me iba a dejar escapar fácilmente. Sus ojos se habían clavado en los míos como los de una cobra antes de atacar y me tenían completamente hipnotizado, sentí como el slip liberaba mi sexo - veras... yo creo que esto que hacemos... tú eres...
No pude continuar, ella agachó su cabeza y se metió mi sexo en su boca, succionándolo lentamente, introduciéndolo cada vez un poco más, lenta, pero inexorablemente hacia el fondo de su garganta.
- Buffffffff- resoplé al sentir su caricia. -¡ooohhhhh, siiiiiiiii, que bueno!- Ella seguía mamándome el sexo, mientras con la mano izquierda, acariciaba mi pecho por encima de la camiseta.
Yo no permanecí inactivo mucho tiempo, siguiendo mi instinto, pasé mi mano por el cuello de Luisa y empecé a dirigir el ritmo de su mamada, mientras con la otra mano, acariciaba sus nalgas, encontré la tira del tanga y la retiré hacia un lado, buscando, con mis dedos inexpertos su sexo, ella se dio cuenta, y con una de sus manos me mostró el camino hacia la entrada, empujó ligeramente sus caderas y uno de mis dedos encontró sus labios mayores, calientes y abiertos, los acaricié torpemente, antes de meter el dedo en su raja, ella soltó un gemido y aumentó el ritmo de su mamada.
- ¡No, por favor, Luisa!, ¡si sigues así, no tardaré mucho en correrme!- - Hazlo, ¡quiero tu leche en mi cara!- me dijo, su rostro era el de una fiera salvaje.
Volvió a amorrarse a mi sexo, tragándolo entero de una sola vez y, haciendo presión sobre el con sus jugosos labios, empezó a mover la cabeza arriba y abajo rápidamente. Yo metí más profundamente el dedo y lo empecé a mover como si fuera una polla en su interior, ella dio un grito y se movió más rápidamente aún, poseída de una locura sexual. Notaba como se acercaba mi orgasmo, no quería correrme, pero me era imposible contenerme, solté un alarido y mi leche inundó la boca de Luisa, mientras esta no dejaba de mamarme, mi sexo no perdió ni un ápice de dureza, Luisa levantó la cabeza y mirándome a los ojos me dijo:
- ¡Jódeme, jódeme como a una perra!-
Se arrancó el tanga, más que quitarlo y se puso a cuatro patas en el sofá, me giré y me coloqué detrás suyo, enfilando la punta de mi sexo en la entrada del suyo, ella lo guió hacia el interior, acariciándolo y cuando la cabeza de mi sexo estuvo dentro, me apremió: - ¡Vamos niñato!, clávamela de una sola vez, fóllame, fóllame!- me gritaba di un golpe de cadera y le metí mi sexo de una sola vez en el suyo, ella, arqueó su espalda y soltó un grito de placer, moviéndose a mi ritmo.
Luisa meneaba sus caderas y no dejaba de soltar frases obscenas, animándome a que la follara más y más rápido, se corrió a los pocos minutos, pero yo no paré, ella no me dejaba parar. Mi cuerpo sudaba y mi mente divagaba en el placer que aquella mujer me proporcionaba, noté como su sexo se contraía y atrapaba el mío, como succionándolo hacia el interior, me agarré a las nalgas de Luisa y empecé a moverme rápidamente, con el objeto de que se volviese a correr, uno de mis dedos, se metió en la raja entre sus nalgas.
- ¡Vamos cabron!, méteme el dedo en el culo, ¡vamos hazlo!- me gritaba.
Yo lo hice, y ella se corrió al instante, yo también estaba a punto de correrme por segunda vez, pero ella, haciendo un movimiento con su cintura, se desempaló, evitándolo, me miró, parecía una fiera, era una fiera desbocada, hambrienta de sexo, poseída por la lujuria y el vicio, y yo era su víctima.
- Quiero que me des por el culo, ¡encúlame niñato!- me gritó -¿por el culo?, ¿quieres que te la meta en el culo?- yo estaba alucinado -¡SI! vamos, no te lo pienses, y encúlame de una sola vez, ¡métela de golpe!-
Abrí sus nalgas y apoyé la cabeza de mi sexo en su ano, maravillándome de que aquella mujer me pidiese eso, yo solo lo había visto en las películas porno, empujé suavemente y mi glande entró en su ano, no sin dificultad. Luisa soltó un grito de dolor, pero al notar que yo me retiraba, me gritó que siguiera
- ¡Sigue cabrón!, ¡no pares ahora! sigue, encúlame, métela hasta el fondo de una sola vez, ¡vamos niñato!- - Pero, ¡creía que te había hecho daño!- le solté yo - ¡Me gusta el dolor!, ¡soy una zorra! ¡Dame por el culo de una puta vez, niñato, maricón!-
Cuando me dijo maricón, mi mente saltó como un resorte, me invadió la rabia y di un golpe salvaje con mi cintura, enterrando mi sexo en su ano.
- ¿te gusta el dolor, puta? ¡Yo te enseñaré a llamarme maricón!- empecé a moverme con furia en su ano, mientras a ella se le saltaban las lágrimas de dolor, pero me seguí animando con sus frases obscenas y sus insultos.
Yo notaba como mi sexo engordaba a cada frase, con cada empujón que daba, con cada grito, con cada sollozo que ella soltaba, yo me excitaba más y más, agarré sus nalgas y clavé mis uñas en ellas, meneándome con fuerza en su ano. Luisa empezó a gemir y a aullar de placer, más que de dolor, la agarré de los muslos y me abalancé sobre su espalda mordiéndole en la nuca mientras le bombeaba mi sexo en su ano, estrecho, pero cada vez más caliente. Luisa se dejó caer hacia adelante, para acariciarse el clítoris con una mano, mientras mi sexo perforaba sin compasión su ano, cosa que yo aproveché para agarrar sus pechos.
- ¡Retuerce mis pezones!- lo hice sin dudar, flojo al principio, pero ante los insultos y las obscenidades que ella soltaba, lo hice con más fuerza, me ensañé en ellos, haciendo que Luisa se corriera nuevamente.
- ¡Estoy a punto de reventar zorra! ¡Dame tu boca!- le grité completamente fuera de mí, saqué mi sexo de su ano, y cogiéndola del pelo tiré de el hacia mi sexo, ella abrió la boca y me recibió dentro de ella, justo a tiempo de recibir toda la carga que tenía para ella.
Me dejé caer en el sofá, resoplando y gruñendo, ella se quedó abrazada a mis piernas, con mi sexo, fláccido al lado de su mejilla, sus ojos reflejaban una gran satisfacción, lo mismo que los míos.
- Joder Luisa- dije cuando pude recuperar el aliento - ¡eres una bestia!, ¡ha sido genial!- -¿si, verdad? ¿Te ha gustado?- - ¿que si me ha gustado? ¡coño si me ha gustado! Cuando me ibas insultando y diciéndome lo que me decías, ¡me ponía cada vez más cachondo! ¡He alucinado!- - con Emilio no puedo hacerlo, el es muy tradicional y no le gustan ese tipo de cosas, además, me folla poco, y mal, hace años que no tengo un orgasmo con él, ¡necesito realizar mis fantasías, necesito sentirme viva!- - joder si lo estás! ¡Eres una fiera!- empecé a recoger mi ropa, que estaba desparramada por el salón cuando Luisa me soltó: - ¿quieres quedarte esta noche? Emilio y Carlos no volverán hasta mañana por la tarde, tarde- -me encantaría, pero ¿y los vecinos? verían mi moto en la calle, o me podían ver salir mañana- - es verdad- reconoció ella - además, yo solo soy una zorra, a la que se usa para descargar leche ¿no? - ¡nooooooooooooooo! ¡No digas eso!- - no, si no me importa- dijo ella sonriendo divertida - eso es lo que quiero ser para ti, ¡quiero ser tu puta!, quiero que me uses, que me jodas como harías con una fulana, no quiero una relación romántica y amorosa, gracias, pero no, quiero ser follada, jodida como una perra cada vez que esté entre tus brazos. ¡Quiero ser una zorra! ¡Quiero ser tu zorra!-
Yo alucinaba con aquella mujer. Ella seguía hablando.
- Quiero que me insultes, que me humilles, que me utilices a tu antojo, que cuando tengas una fantasía, la realices conmigo, que me hagas daño, si te apetece hacerlo, ¡soy tu zorra!- - ¡joder!- dije yo cada vez más asustado de ver aquella fiera sexual ante mí, ella seguía - no me importa ser un segundo plato, al que se recurra cuando tus planes con otras mujeres fallen, no me importa en absoluto que me desprecies por ser como soy, una zorra, solo quiero complacerte en todo!- - vale, vale, me ha quedado claro, para ya- le dije, intentando calmarla - si quieres insultarme, hazlo, si quieres pegarme, hazlo, si quieres ofrecerme a tus amigos, para que me jodan como la puta que soy, hazlo, a mí no me importa, pero que Emilio no se entere, es la única condición que te pongo, que mi marido no sepa nada de esto, haré lo que te apetezca siempre, nunca me negaré a tus deseos, pero Emilio nunca debe saberlo- - ¡por supuesto!- - Ahora vete, vete de fiesta con tus amigas, que me parece que hay una que va detrás tuyo, disfrútala, pero ven de vez en cuando a joder con tu zorra ¿vale?-
Me terminé de vestir y salí de la casa, me subí en la moto y me fui a mi casa, por el camino, me encontré con los vecinos de Luisa, que volvían del pueblo.
MORENITA MILF RABIOSA
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